3.28.2007

Era una noche de lluvia, de esas en las que el agua no deja de besar la tierra.
La música sonaba de fondo en la radio, con diferentes melodías, decididas por distintas personas que elegían qué escuchar según sus circunstancias.
En esa noche estaba ella y su circunstancia también. Estaba sola, acompañada de su mate, su fiel compañero. En su cabeza transitaban varios pensamientos, algunos positivos, algunos no tanto. Pensaba en su futuro y en su presente, y por que no también en su pasado.
La luz era tenue y el agua no dejaba de caer.
De repente se da cuenta de que la música que acompañaba las circunstancias de los demás no acompañaba la suya, y en un movimiento decidido elige su melodía. En esta ocasión elige una melodía que le da mucha paz, pero que inevitablemente la transporta a uno de los momentos más difíciles que atravesó en su vida. El momento en que estuvo muy cerca de no estar más, un instante en el que su vida estaba en el límite de lo terrenal y lo etéreo.
En sus pensamientos hace una pausa. Mira por la ventana y ve una ciudad casi dormida, con algunas luces encendidas, con algunas almas con insomnio.
La lluvia también la transporta a aquel momento. En ese entonces ella miraba por la ventana de su habitación cómo las gotas morían sobre el asfalto en una madrugada de verano. Hoy tiene la dicha de verlas caer hacia el infinito, de verlas pasar por su ventana en una madrugada de otoño, muchos años mas tarde.
Ese momento, ese instante, le cambió la vida. Sin darse cuenta estaba naciendo en ella una persona diferente y estaba dejando atrás una vida regida por ciertas libertades a las cuales tuvo que renunciar.
Repasa sus pensamientos y se da cuenta que hay muchas cosas que dejó atrás y muchas otras cosas que encontró adelante. Piensa un momento y se da cuenta que descubrió muchas cosas de su personalidad que probablemente de otra forma no lo podría haber hecho.
Su rostro se transformó. Sus ojos casi al borde de las lagrimas se llenan de luz y una sonrisa se despliega en su rostro. Esa melodía que la transportaba a ese momento tan frágil de su vida ahora la inunda de paz y la conecta con lo más profundo de su ser. La lleva a conectarse con su fuente, con su esencia y la inunda de vitalidad.
La madrugada va llagando a su fin, y su día también. Pero su deseo de crecer y expandirse día a día se hace más fuerte, y se siente dichosa de poder encontrar fortaleza en aquellas cosas que la hicieron temblar.

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